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Un periodista estadounidense llamado Jhon T. Whitaker hace una
pregunta a lo que sigue una respuesta:
-Claro que los fusilamos. ¿Qué esperaba? ¿suponía que iba a
llevar 4000 rojos conmigo mientras mi columna avanzaba contra
reloj? ¿suponía que iba a dejarles sueltos a mi espalda y dejar
que volvieran a edificar una Badajoz roja?
La ciudad de Badajoz tenía,
en agosto de 1936, 40.000 habitantes y estaba defendida por tres o
cuatro mil hombres. Unos tres mil milicianos sin preparación
militar y de entusiasmo desigual y 500 soldados que tenían que
hacer frente a dos columnas de mil quinientos hombres cada una, al
mando del teniente coronel Yagüe. El armamento de los atacantes y
su organización eran infinitamente superiores a todo lo que podía
ofrecer para su defensa la ciudad de Badajoz. Además, la aviación
alemana e italiana acudieron en auxilio de Yagüe (parece ser que
los Ju-52 despegaron de aerodromos portugueses y también que
algunas tropas de Yagüe se infiltraron por la raya de Portugal
para sorprender a los republicanos por la espalda).
El día 12 la ciudad fue
bombardeada por los aires y empezaron las deserciones en masa. El
día 13 Badajoz estaba sin luz eléctrica y rodeada de enemigos por
todas partes. Sólo conservaba sus murallas del siglo XVIII,
defendidas por grupos de milicianos y de soldados |