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El teniente coronel
Yagüe pudo liberar a 380 prisioneros políticos de
derechas, que se encontraban en la cárcel sanos y salvos
Los fascistas han
tenido siempre la fea y cobarde costumbre de negar la
existencia de sus crímenes. Con la caída de Badajoz se
cometió una matanza feroz que, a pesar de haber sido
reconocida por su promotor el teniente coronel Yagüe, ha
sido siempre considerada como inexistente y como mera
propaganda republicana.
Sin embargo, hubo dos
matanzas en Badajoz de gente humilde y nada ha podido
justificar este horrendo crimen. Las matanzas de Badajoz
parecen ser las más caprichosas y sanguinarias que se
hayan perpetrado en la guerra. El 14 de agosto de 1936,
los hombres del teniente coronel Yagüe se apoderaron por
la fuerza de Badajoz y, horas más tarde, el último foco de
resistencia de la catedral cayó en poder de los
legionarios
Inmediatamente
después sucedió la primera matanza. Los moros, sueltos
como perros rabiosos y armados hasta los dientes, cayeron
sobre la ciudad martirizada y asesinaron alevosamente a
todo aquel que se aventuraba a salir a la calle. Cayó
mucha gente inocente, mujeres indefensas, hombres que no
habían combatido, niños y ancianos. Hubo quien murió
acuchillado simplemente por llevar un reloj o una cadena
de oro que despertaba la codicia de los mercenarios moros
al servicio del fascismo español. En Badajoz se vieron
cadáveres con cuchillos clavados hasta la empuñadura. Las
cifras que puedan avanzarse pecan desde su origen, ya que
nunca se han hecho estadísticas de los muertos de Badajoz.
No obstante, se ha hablado de un millar de muertos en la
primera jornada. Y este crimen lo hicieron los moros y los
legionarios
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