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La caída de
Badajoz separó de la República la región de Extremadura
del norte de Huelva, que fue posteriormente acallado por
el emergente estado del bando nacional. Tras la batalla
Yagüe se dirigió al norte hacia Madrid y llegó al Tajo.
Allí se enfrentó a fuerzas republicanas en batallas
campales en las semanas siguientes. La Batalla de Badajoz
siguió patrones que continuaron el resto del verano:
milicianos republicanos tomaban fortalezas medievales que
salpicaban Castilla, sin poder parar ni retrasar el avance
de las tropas profesionales de Franco. El ejército regular
probó ser capaz de barrer defensas preparadas por fuerzas
enemigas superiores, pero a menudo sufrían asombrosas
pérdidas de sus mejores tropas. A finales de año, una
buena parte de la Legión moriría, a lo largo de una serie
de ciudades amuralladas que se extendían desde Sevilla
hasta las afueras de Madrid |
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