MIGUEL A. CELDRÁN MATUTE.
Alcalde de Badajoz
Llega el otoño y
Badajoz se viste de aires y aromas
arábigos y musulmanes, se transforma en
una ciudad que se mira a sí misma, que
mira hacia atrás y se reconoce en esa
otra Badajoz, la de sus ancestros, la de
tiempos pretéritos, la de su fundación,
una Badajoz cargada de leyendas, de
colores, de rumores, de emociones y de
batallas, una Badajoz donde florecieron
las artes y las ciencias, una Badajoz
con identidad propia que se constituyó
en Reino y brilló con luz propia en el
universo de la historia. Hablamos de la
fiesta genuinamente badajocense
Almossassa Batalyaws que se alimenta ya
de su VIII edición en una marcha
imparable, reconocida, útil, necesaria y
participativa para una ciudad que debía,
debe y ya lo hace celebrar su fundación.
Si hay una fiesta entre todas las que se
celebran en Badajoz tal vez sea esta la
que más sentido da a su propia historia
y existencia; tal vez sea Almossassa
Batalyaws la que mejor define a las
gentes de Badajoz y su identidad y su
herencia como pueblo y comunidad. Es
cierto, muy cierto, que se trata de una
fiesta pero no es una fiesta
más: es una fiesta de la que hay que
hablar en las casas, en los bares, en
las asociaciones, en las instituciones
pero, más que en ninguna otra parte, en
las escuelas porque nos hallamos ante
una fiesta que nos dice quienes somos,
de dónde venimos, qué fue de los
nuestros que nos precedieron. En otras
palabras: es una fiesta de historia
aunque aún con poca historia. Porque
Almossassa Batalyaws ha de ser, más que
otra cosa, más que una celebración,
conmemoración, fiesta y divertimento,
una hermosa e ilustrativa lección de
historia para los que estamos y los que
vienen detrás, una lección de historia
con todos sus aditamentos para que la
hagan más digerible pero, historia al
fin y al cabo, porque se trata de
hablar, de conocer, de reconocer la
fundación de nuestra
ciudad y de reconocernos en esa
historia. Es hablar de Ibn Marwan y
aquel año 875 cuando fundó Badajoz,
hablar de lo que aconteció después, de
en qué se convirtió aquella pequeña
población con el paso de los años, las
culturas, y los pueblos que pasaron por
ella y que ella, hospitalaria y
generosa, supo incorporar a su propia
experiencia vital.
Pero este año 2006 es momento, además y
con la fiesta como argumento, de hablar
de la localidad portuguesa de Marvao,
tan cercana a Extremadura, tan conocida
y querida por tantos badajocenses por
las numerosas visitas que se realizan al
cabo del año a esta hermosa y mágica
ciudad. Y hay que hablar de Marvao
porque a poco que repitamos su nombre
varias veces y lo comparemos con Marwan,
comenzamos a encontrar la resolución
del misterio. Efectivamente, el fundador
de Badajoz también lo fue de Marvao y
ese personaje indómito nos une a estas
dos poblaciones en los más hondo de la
historia.
Así, pues, disfrutemos de la fiesta,
disfrutemos de sus emociones y sorpresas
pero, sobre todo, disfrutemos de esta
nueva hermandad en los fundamentos que
multiplica aún más nuestra identidad.
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